Son tantos los nervios y la excitación que siento ahora mismo por lo que se acerca, que necesito escribir algo para así, al menos, poder digerir un poco mejor el futuro inmediato que se acerca.
En menos de una semana estaré en el aeropuerto, esperando impaciente un avión que me llevará a Barcelona. Todos sabéis ya a lo que voy a Barcelona. Iré a ver a Madonna por segunda vez en mi vida.
Para muchas personas es simplemente un concierto más en España. Para mi no. Y para las personas que me acompañarán en esta aventura, tampoco. Y eso, precisamente eso es lo que lo hace tan especial.
No va a ser sólo un concierto. Va a ser la explosión de mil sensaciones, mil sentimientos. Va a ser ver a la reina por primera vez en primera fila. Sentirla cerca, sentir sus ojos clavándose en los míos.
Pero antes de todo eso, que pinta ser maravilloso, pasarán otras muchas cosas durante las laaaargas horas de espera. El cansancio, el calor. Y también las largas conversaciones, las risas, los chistes frikis (como clonar un pelo de Madonna y que salga una ardilla...). El cantar, ver cómo las cámaras de televisión te graban, los primeros encuentros con amigos hasta ahora conocidos sólo por internet.
Y es que ir a ver a Madonna no es sólo entrar en un recinto y desgañitarte cantando sus canciones. Ir a ver a Madonna es conocer gente, lugares, arriesgarte con gusto a vivir situaciones nuevas, resistir el cansancio hasta el momento de abrir puertas y luchar contra él corriendo para estar en la primera fila.
El año pasado viví un gran concierto -el primero-, que me dio fuerzas para continuar durante todo un año. Pero sé que éste va a ser aún mejor. Porque va a ser la primera fila. Porque voy con ellos.
Va a ser inolvidable.
MORDISCOS:
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