El agotamiento constante que provocaban los ensayos ha desaparecido. Y, aún escapando de mi boca todas las quejas por la poca importancia del taller o por la vagancia de los actores, ya estoy echando de menos el escenario y proyectar mi voz hacia el fondo del salón de actos.
Siempre los días de después de estrenar la obra son raros. Todos los nervios, toda la expectación, el corazón latiendo deprisa, repasar las líneas en el último momento... Todo eso se esfuma. Así, de golpe. Supongo que el cerebro lleva tanto tiempo con tanta actividad que ahora necesita un tiempecito para adaptarse a la tranquilidad y para asimilar que ahora está de vacaciones.
De todos modos, ahora queda una gran sonrisa, gracias a la gente que corrió a felicitarnos, que nos dio dos besos y nos elogió. Al fin y al cabo siempre lo que hemos hecho, lo hemos hecho por ellos. Y no hay mayor satisfacción para un actor que el público aplauda su obra.
El telón se ha cerrado. Y las máscaras se han caído.
MORDISCOS:
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Sería estupendo que ese taller continuara y que esa obra se pudiera representar más veces en más sitios. Dicen los profesionales que nunca es igual. En pocas cosas te he visto tan entusiasmada como con el teatro. Deberías escribir otra obra, sin olvidar ésta. Un beso para Blanca.

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